TATUAJE DE FUEGO
Aquella noche comprendió que todo había terminado, sintió cara a cara la
brisa del fracaso cuando, sentados frente a frente, en esa mesa juntos, cuando la situación era totalmente diferente, cuando pensaban que caminaban en una misma dirección, decidieron olvidarlo todo. La relación se le había ido de las manos, por querer aferrar su amor termino introduciéndose en su locura. Ahora cara a cara, buscaban la solución para la culminación del amor. Amor que más allá de sus desamores, siempre fue puro, sincero y total. Dio todo, hasta la última gota, le dio las estrellas, trato de hacerle sentir que todo era suyo, y de tanto que sintió, no sintió que le perdía. Se sentía como muerta en vida, ya no era una mujer, ya no era nada, solo era la mirada que le devolvían los demás. Nunca pensó que un hombre podía destruir sus sueños, sus alegrías, sus aventuras, su todo. Se quedo atónita al ver como la vida que tenía se le escapaba, sin darse cuenta… Pensaba todo, calculaba todo. No era más que una soñadora. Todo lo hacía por volver el tiempo atrás para tener otra oportunidad. Su casa se había convertido en una cárcel sin barreras, nada ya importaba: ni amigos, ni familia, bastaba con que le nombrarán para recordarle. Su mano cogida a la suya. Las palabras de frenesí que se entregaban para dar la más absoluta libertad de los sentidos. Los besos, la luna siendo testigo de su locura, el dejándole huellas por su piel, marcas en su corazón. Si pudiera regresar ella a ese lugar, no lo dudaría. Recordaban el día en que juntos rayaron las iniciales de sus nombres en aquel árbol, el cual enmarcaron con sus corazones. Ese árbol que había sido testigo involuntario de la pasión, cuando jugaban al amor en ese lugar, congelando las percepciones y los sentimientos. Y ahí estaban, sus ojos, mirándola ya sin ganas, sin amor, sólo con respeto. Como duele ver padecer al cariño en frente de uno. Era el final, ella lo presentía. Lloró como una chiquilla, intentó hacerse fuerte para tomar la palabra. Pero tan solo era una persona llena de inseguridades, de temor. El habló, habló sin parar, ella lo escuchaba, miro cada facción de su rostro, recorrió y voló dejándose llevar por sus gestos y sensaciones. Ella quedo pensativa y entendió que el había dejado marcado con fuego su corazón, un tatuaje de fuego en su corazón. Pero a la vez comprendió que su amor le sirvió para crecer, y que su ida no era más que un peldaño para seguir avanzando en la vida. Su presencia la marco, que en cada rincón conserva aun el sabor de su boca, y esa noche comprendió, que el la enseño a querer la vida, amar, y esa era una enseñanza de amor y siempre lo recordaría por el tatuaje de fuego que en ella dejó.